jueves, 26 de noviembre de 2015

Parashá De La Semana, Vaishlaj (Bereshit 32:4-36:43) 08

LA IMPORTANCIA DEL TIEMPO
“Y el muchacho no se retrasó”
(Bereshit 34,19)

Hay un hecho que sobresale en los últimos tiempos, el retraso en llegar a las oraciones (y a muchos otros lugares, pero el tema de las oraciones es el que nos toca hoy). Y lo más grave, es que no sólo lo encontramos en los iehudim que están un poco alejados, sino que también sucede entre los integrantes más importantes y distinguidos del Beit Hamidrash o el Beit Hakneset.
Y no alcanza con decir que es grave, hasta podemos decir que llega a considerarse como una gran profanación del Nombre del Creador, Hashem nos guarde. Esto ocurre cuando personas que no concurren frecuentemente al Beit Hamidrash, ven a los que llegan tarde, y se dicen a sí mismos: “si ellos se retrasan, ¿por qué nosotros debemos llegar a tiempo?”...
La situación empeora en los “Shtiblaj” (un Beit Hakneset que tiene varios salones de oración en los cuales, cada quince o veinte minutos comienza un nuevo Minian). Allí, las personas que llegan a cualquier hora, y todavía no se han puesto ni Talit ni Tefilin, en lugar de elegir un Minian que está por comenzar, buscan uno que ya está en medio de los “Pesuke Dezimra” (un Minian que comenzó hace unos veinte minutos) y se “enganchan” en ese Minian, a pesar de ser muy probable que cuando se coloquen Talit y Tefilin el Minian ya se encuentre en medio de las bendiciones del Keriat Shema. Y así acostumbran hacer cada día y día… (si decimos que eso lo hicieron un día en caso de emergencia puede pasar, pero cuando se hace costumbre aumenta la gravedad)
El rab de una congregación en los Estados Unidos, que pasó por la casa del rab hagaon Jaim Kanievsky Shlita, contó un relato que tiene una gran enseñanza.
En mi congregación, había un iehudi que llegaba al Beit Hakneset,todos los días, tres veces por día, con una constancia ejemplar. Pero además de esa constancia para llegar a las oraciones, tenía otra costumbre constante, llegar tarde a todas las oraciones.
Como si estuviera controlado por un reloj de precisión suiza, llegaba siempre diez minutos tarde. Si la Tefila comenzaba, por ejemplo, a las 7.00 de la mañana, él llegaba siempre, pero su siempre, era “siempre” a las 7.10. Nunca llegó a tiempo.
Una y otra vez intenté acercarme a él para tratar de convencerlo y que llegue a tiempo, explicándole la importancia de rezar con tranquilidad y junto con el oficiante. Le decía que por cuanto que él viene todos los días, qué tiene de malo que llegue a tiempo. El me contestaba siempre igual y exactamente al revés: si yo siempre llego para las oraciones, entonces, ¿cuál es el problema, qué cambia cuándo yo llego? Lo importante es que yo llego… diez minutos más o diez minutos menos, ¿qué puede cambiar?...
Y todo continuó así durante un período de tiempo muy extenso, yo trataba de persuadirlo y el iehudi contestaba con el mismo “disco”, y seguía llegando tarde…
Hasta que una mañana, tuve la gran sorpresa al verlo llegar a tiempo para la oración de Shajrit. Ya que nunca había pasado algo así, eso me hizo prestar más atención, además de mi intención de saber el porqué del cambio, por eso fui a preguntarle cuál era la diferencia entre un día y el otro…
El hombre se veía entusiasmado, todo euforia, fuego, y me contestó: Hakadosh Baruj Hu me demostró, de forma de que no queden dudas, que no conviene atrasarse en la Tefila.
Le pedí que me cuente, y así fue:
El iehudi, que también era muy rico, contó que la fábrica tan moderna y eficiente que era de su propiedad, y que le proporcionaba importantes ganancias, considerada como una de las industrias más rentables en la zona, ayer se incendió en su totalidad, y todavía es imposible hacer una estimación de los daños provocados por el fuego.
Durante unos minutos que se hicieron muy largos, el iehudi me contaba los pormenores del incendio de su fábrica, y el impacto que le causó la tragedia.
Le dije: aunque yo me asocio cien por cien contigo, con toda mi verdad, en tu sufrimiento, todavía no logro entender la relación entre el terrible incendio y el mensaje que recibiste para no atrasarte en la Tefila.
El aviso que recibí, me contestó, se produjo unos minutos después de que se desató el incendio, cuando llamé desesperado a los bomberos, pidiéndoles que lleguen al lugar lo más rápido posible, para disminuir, aunque sea un poco, la magnitud de los daños.
El hombre que atendió a mi llamado, me aseguró, que el carro de bomberos ya había salido rumbo a mi fábrica, y en un minuto estaría todo el equipo de salvación a mi lado.
Pero, pasó un minuto, dos, tres, y la fábrica seguía quemándose, oficina tras oficina, sección tras sección, y el carro de bomberos no aparecía.
Mi corazón parecía querer dejar de funcionar de tanto sufrimiento, contaba el dueño de la fábrica, en especial cuando sabía de la importancia de cada segundo…
Solamente después de diez minutos pude ver que llegaban los bomberos, pero ya era demasiado tarde, la fábrica estaba casi totalmente envuelta en llamas.
Yo estaba histérico, y corrí hasta el bombero que parecía dirigir al grupo y comencé a gritarle: ¿por qué tardaron tanto?, si hubieran llegado antes, ¡la fábrica se habría salvado!
El dueño de la fábrica, mientras hablaba conmigo, lo hacía con gran emoción, una y otra vez se “encendía” al mencionar lo ocurrido, y no había forma de calmarlo.
Pasaron varios minutos y continuó con el relato: le pregunté al jefe de bomberos por qué no llegaron antes, y todos ellos, juntos, me respondieron, al fin y al cabo llegamos… diez minutos más o diez minutos menos, ¡al final llegamos!...
Cuando escuché esa respuesta, toda mi sangre estaba hirviendo. Y justamente en ese momento, se encendió en mi cabeza una luz roja. Recordé que esa fue, exactamente, la misma respuesta que yo le daba al rab durante tantos años en los que el rab trataba de convencerme sobre la importancia y el valor del tiempo. Tantos años en los que el rab intentó fortalecerme para que llegue a tiempo a las oraciones del Beit Hakneset.
Como dice la Guemara (Berajot 6b): cuando Hakadosh Baruj Hu entra al Beit Hamidrash y no hay diez personas en su interior, Hashem se enoja… y pregunta…
En ese instante pude ver, y entender, qué grande es la importancia de sólo diez minutos. Pude ser un testigo que vio y que aprendió cuántos mundos se pueden construir, y por el contrario, lo que podemos destruir en diez minutos…
Y me decidí, me comprometí, a llegar a tiempo a la Tefila.


Traducido del libro Barji Nafshi.




Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

jueves, 8 de octubre de 2015

Parashá Bereshit (Bereshit 1:1-6:8)

Parashá Bereshit.

El Ramban1 llama al Sefer Bereshit "El Libro de la Creación", ya que se inicia con una descripción de la creación del mundo, y continúa con la vida de nuestros antepasados que "crearon" los patrones que sus descendientes están destinados a seguir. Las mitzvot de nuestros antepasados y sus buenas obras no estaban destinadas para su propio beneficio espiritual, o incluso para el beneficio de su generación, sino para el beneficio de todo el mundo para todas las generaciones por venir. Por permanecer fuertes ante sus muchos desafíos, crearon un precedente que nos ayuda a superar nuestras propias dificultades.

Al igual que sus mitzvot sirven como un mérito eterno para sus descendientes, sus defectos de menor importancia también trajeron consecuencias catastróficas. Por ejemplo, Abraham dio a Avimelej siete ovejas cuando hicieron un pacto de no hacerse daño mutuamente, El Midrásh le critica por hacerlo sin el consentimiento de Hashem2:

Hashem dijo a Abraham: "Tú le diste siete ovejas sin mi consentimiento; te juro por tu vida que pospondré la alegría de tus descendientes (La entrega de la Tora) durante siete generaciones. Tú le diste siete ovejas sin mi consentimiento; te juro por tu vida que sus descendientes matarán siete tzadikim de los tuyos que son: Jofni, Pinjas, Shimshon, Shaul y sus tres hijos. Tú le diste siete ovejas sin mi consentimiento; te juro por tu vida que sus descendientes van a destruir los siete santuarios de tus descendientes que son: el Ohel Moed, Gilgal, nov, Givon, Shilo, y los dos Batei HaMikdash".

Kabalát HaTorá [la entrega de la Tora], el propósito mismo de la existencia del mundo, podría haber ocurrido en la época de Abraham, sin embargo, fue pospuesta por siete generaciones, y las siete moradas de la Shejiná fueron destruidas; todo por culpa de aparentemente una indiscreción menor de Abraham en hacer un pacto con Avimelej. El Tanna D'Vei Eliahu3 añade que las naciones del mundo tienen permiso para oprimirnos desde hace miles de años, como resultado del pacto que Abraham hizo con ellos. Por otra parte, el Ramban escribe4 que como castigo a Sara por haber oprimido a Agar, los descendientes de Agar afligen a los descendientes de Sara durante cientos de años.

Estos ejemplos ilustran la perfección que Hashem espera de los justos, de tal manera que incluso un mínimo error es llevado a juicio. A pesar de que Abraham y Sara no eran culpables de ningún pecado actual, sino que no cumplían con los estándares de ejemplares que se esperan de ellos, en consecuencia, sus descendientes sufrieron indecibles sufrimientos a lo largo de muchas generaciones.

Hashem recompensa en una escala quinientas veces mayor que con la que castiga5. Y sabemos que por cada defecto menor de nuestros antepasados, tenían innumerables mitzvot en su haber, por lo tanto, sólo podemos imaginar la gran recompensa que se repartirá a sus descendientes en su mérito. A partir de sus grandes logros, trazamos la fuerza necesaria para perseverar a través de nuestras propias dificultades, en todas las generaciones venideras.

Cuando Janania, Mishael y Azarya se dejaron arrojar a un horno ardiente en lugar de arrodillarse a un ídolo, Hashem dijo a sus ángeles ministradores: "Desciendan y besen los labios de sus antepasados. Al igual que los padres me sirvieron en el fuego, así lo hicieron los hijos"6.

Cuando Abraham Avinu le hiso frente a la muerte en el horno de fuego de Ur Kasdim por el bien del santo Nombre de Hashem; y cuando Itzjak estiró el cuello para ser sacrificado en Har HaMoriah; inculcaron en nuestra nación para todas las generaciones posteriores la fortaleza para sacrificar nuestras vidas por el bien de Hashem, una y otra vez.

Los siete hijos de Jana fueron asesinados por negarse a adorar a los ídolos griegos. Antes de la ejecución de su hijo más joven, ella le hizo una petición7: asciende al cielo y dile a Abraham Avinu; tú ataste un solo hijo en el altar como ofrenda para Hashem, pero yo he dado siete. ¿Acaso Jana realmente tenía la intención de competir con Abraham Avinu? ¿Ella se enorgullecía de superar a nuestro ilustre antepasado? Más bien, ella quería decirle que su ejemplo le dio la fuerza para soportar el juicio difícil.

Así también, a lo largo de las generaciones, en nuestra larga y amarga caminata por el Galut [exilio], nos basamos en el coraje de las buenas acciones de nuestros antepasados. Ellos plantaron en nuestro corazón la fuerza para mantenernos firmes en medio de la adversidad, y permanecer fieles a Hashem.


Los fundamentos de la Santidad

Cada uno de los Avot [patriarcas], tenía su propia función única en la preparación de las bases de la santidad en la que la Casa de Israel estaba destinada a ser construida. Abraham santificó la Tierra de Israel. Hashem le dijo8"Levántate y camina a lo largo y ancho de la tierra, que yo te daré" La Guemará explica9 que al caminar a través de la Tierra de Israel, Abraham creo un precedente de la propiedad, haciendo así más fácil para su descendientes conquistar la tierra muchas generaciones después.

Itzjak santificó el sitio del Bet HaMikdash [santuario]; Al permitir ser sacrificado en Har HaMoriah, lo inculcó con tremenda santidad, preparándolo para la construcción del Bet HaMikdash. Incluso después de que el Bet HaMikdash fue destruido, su ubicación sigue siendo el portal a través del cual las oraciones de Israel de todo el mundo ascienden al Cielo.

Yaakov preparó el camino para nuestra nación a través del cual viajar en el exilio. Al servir a Hashem con fidelidad a pesar de todas sus dificultades y andanzas, creó un grupo de mérito para asegurar nuestra supervivencia en el Galut y nuestra redención final. Yaakov instituyó la oración nocturna Maariv10, los textos jasídicos interpretan que esto significa que él oró por el bienestar de los hijos de Israel en la noche oscura del Galut.

Cuando Yaakov y sus hijos estaban preparados para descender a Egipto, Hashem se le apareció en una visión de la noche y le dijo11: "No temas en descender a Egipto... Yo descenderé contigo a Egipto, y yo te traeré de vuelta y ascenderemos junto a ti. El Meshej Jojmá escribe:

"D-os habló a Israel en una visión de la noche". Esta expresión no se encuentra en ninguna otra parte de la Torá en lo que se refiere a Abraham o Itzjak. Yaakov solo recibió una "visión nocturna" mientras descendía de Eretz Israel para peregrinar en el extranjero. En ese momento Hashem se reveló a Yaakov en la noche, lo que significa que, incluso en la noche oscura del exilio, la Shejiná permanecería con los Hijos de Israel, como nuestros sabios enseñan12"Cuando ellos fueron exiliados a Babilonia, la Shejiná viajó con ellos... David HaMelej dijo13"Hashem te responderá en el tiempo de la aflicción, el Nombre del D-os de Yaakov le apoyará." Cuando la oscuridad y el sufrimiento acontecerán a Bene Israel, Hashem permanecería a su lado para protegerlos, como Él permaneció con Yaakov en la noche oscura de su propio exilio14.


La triple prueba de Yaakov

Cuando se le pidió a Yaakov enviar a su hijo Binyamin a Egipto, dijo15:
"Me habéis privado. Yosef se ha ido. Shimon se ha ido. ¿Y Binyamin desean tomar? Todo esto me ha sucedido". La palabra עָלַּי (a mi) también se encuentra en la perashá de esta semana, cuando Yaakov vacila en engañar a su padre, para que no le maldiga, pero Rivka le asegura עָלַי קִלְלָתְךָ בְנִי "Tu maldición será sobre mí, hijo mío"16. El Gaón de Vilna17 explica que עָלַּי es un acrónimo de  יוֹסֵף ןבָלָ שָועֵ  (Esav, Lavan, Yosef). Rivka le advirtió que estos tres decretos ya habían sido determinados por el Cielo. Y por ende no tiene por qué temer a la maldición de su padre, ya que su sufrimiento ya había sido dispuesto. Más tarde, cuando Yaakov se quejó עָלַּי הָיוּ כֻלָנָה "Todo esto me ha sucedido", quería decir que ya había ocurrido las tres fases de su sufrimiento, y no esperaba que ocurra esta última tragedia. (La realidad fue que, el descenso de Binyamin a Egipto no fue una tragedia en absoluto, sino los primeros rayos de esperanza para el reencuentro de Yaakov con Yosef).

Las tres dificultades de Yaakov son paralelas a las dificultades de Bene Israel en el Galut; Esav trató de asesinar a Yaakov, representando así a los adversarios como Amán, que desean destruir a toda la nación Yehudi independientemente de nuestras creencias religiosas. Lavan representa adversarios como los griegos, que intentaron forzar sus culturas paganas sobre nosotros, así como lavan abordó a Yaakov y le dijo18"Las hijas son mis hijas, los hijos son mis hijos, y las ovejas (una referencia a los seiscientos mil almas de Israel) son mis ovejas", trató de reclamar los hijos de Yaakov como los herederos de sus propias creencias idólatras19.

Hashem nos ha rescatado de estos dos tipos de adversarios, pero el tercero y más peligroso reto es el de la lucha interna, representada por los conflictos de Yosef con sus hermanos. El odio injustificado entre Yehudim destruyó el Bet HaMikdash y retrasa nuestra Redención.

Nuestra propia generación se ha enfrentado a los tres desafíos; Hitler trató de destruir toda nuestra nación, independientemente de nuestras creencias. Los comunistas trataron de destruir la observancia religiosa. Sin embargo, el golpe más difícil ha sido los conflictos y la disidencia que azota a nuestra nación. Esta plaga la hemos traído nosotros mismos, y está en nuestras manos deshacerla; mediante el tratamiento de unos a otros con paciencia y comprensión, y difundiendo el amor y la fraternidad dentro de nuestras comunidades, y de una comunidad a otra.

El Midrásh dice20:
Rebi (Yehuda HaNassi) enseñó: La paz es tan importante, que incluso si los Hijos de Israel adoraran a los ídolos, pero hay paz entre ellos, Hashem no puede castigarlos (por así decirlo), ya que la paz entre ellos los protegerá, como el versículo dice:"Efraim está unida en su idolatría. ¡Déjalo! " Sin embargo, cuando hay luchas entre ellos, el versículo dice21"Sus corazones están divididos, ahora llevarán su culpa.“ De aquí vemos lo importante que es la paz, y cómo es detestada la controversia. Que Hashem coloque el amor y la comprensión en nuestros corazones, para que podamos tratarnos unos a otros con la bondad y la sensibilidad que todos merecemos. Que todos podamos vivir para ver la llegada del Justo Redentor pronto y en nuestros días.